Despertar.
Desperté en una habitación blanca iluminada por un triste foco. Me encontraba tumbada en una cama de hospital conectada a una máquina que emitía un pitido cada pocos segundos, supuse que eran mis propios latidos. Me incorporé y observé la estancia, un armario, una mesilla, un sillón reclinable y la cama donde me encontraba. He visto suficientes películas de terror como para saber que si estás solo en una habitación así y, al gritar, nadie responde, preocúpate. O se trata de zombies o un virus o algo creado por el hombre para destruir su propia especie. Al cabo de unos minutos decidí levantarme de la cama y posé mis pies desnudos sobre el suelo helado, caminé hasta la puerta y asomé la cabeza despacio, muy despacio. Justo lo que pensaba, me encontré con un pasillo oscuro, una luz al fondo parpadeante. Lo típico de una película de terror. Un escalofrío me subió la columna vertebral. Cerré la puerta de golpe. No estaba dispuesta a salir al pasillo sin un arma o algo para defenderm...